Symbolo I: La espiral y el laberinto, pentagrama y número aúreo.

"Hombre, conócete en tu propia dimensión" .- ORÁCULO DE DELFOS

Uno de los simbolos más antiguos del ser humano, es sin duda, una espiral, es sencilla pero dentro de si, guarda la complejidad del universo. La espiral, es el misterio de la vida, insondable, guardado en un esquema unificador, que bien podría ser la proporción aurea. En dicha proporción,  se encierra la relación de equilibrio, armonía y simetría, que podría aplicarse , a esos misterios de la vida- En el lenguaje de las relaciones matemáticas, diríamos que en la proporción de la espiral,  acercamos lo mayor a lo menor y tomamos a ambos como modelos del conjunto. 

 

La proporción aúrea viene a explicarnos, que la relación del conjunto con la parte mayor es exactamente la misma que la de la parte mayor con la menor. De esta forma, hallamos una serie numérica que progresa sumando los dos números anteriores. Y esto nos explica, que una serie de formas y dinámicas que aparecen en toda la naturaleza, se pueden traducir directamente en reglas de proporción utilizables por los artistas. Ha fascinado porque esa proporción encierra el secreto de la armonía, la regeneración y el equilibrio. La armonía se manifiesta en las pautas de diseño que aplica la naturaleza en las plantas, las conchas, el viento y las estrellas. El principio de regeneración se pone de manifiesto en formas y figuras, como la estructura del ADN, hasta el contorno del universo. El equilibrio  que hallamos en la cóclea de nuestro oído interno, o en el reflejo de la evolución de un embríon humano.

La proporción aúrea la podemos ver claramente en el Partenón de Atenas, las Pirámides de Egipto, las catedrales góticas. La fascinación engendrada por la proporción aúrea, en el ser humano, es que si el hombre forma parte de esa ecuación, de manera subliminal intuimos en esa espiral, que formamos parte del conjunto, de esa relación entre el macrocosmos y el microcosmos, que lo grande y lo pequeño en la naturaleza, en nosotros mismos, está vinculado, de manera que podemos ver una imagen especular del universo, en lo que nos rodea y en el ser humano. Y de alguna forma, antes de que lo pudieran explicar los físicos o los matemáticos, los artistas, lo vieron en su mente. Y así es como poetas como Blake, nos dicen aquello, de ver el universo en un grano de arena y la eternidad en una hora... y sus predecesores, los autores de las espirales de New Grange, al legarnos su visión del Universo y la Vida, nos dejaron la respuesta, en forma de simbolo.

 

Es impresionante, que en el EXodo 25,10, cuando  Dios, ordena a Moisés que construya un Arca, diga: "Harás un arca de madera de acacia, de dos codos y medio de largo, codo y medio de ancho y codo y medio de alto", estas medidas dan una forma de proporciones perfectas acordes a la sección aúrea.                   

 

 

pentagrama en el corazón de una manzana
pentagrama en el corazón de una manzana

Pero, antes de proseguir con los misterios del número áureo, retomemos el simbolismo que encierra la espiral.

 

Como hemos intentado explicar someramente, por falta de espacio, la espiral, es un motivo simple, en el que una línea se enrolla sobre sí misma, a imitación de las espirales, que el ser humano encuentra en la naturaleza, es un motivo abierto y optimista.

 

La espiral, es movimiento circular que sale del punto original, este movimiento lo mantiene y lo prolonga indefinidamente, es el devenir, el desarrollo, y la continuidad cíclica pero en pleno progreso y rotación creacional.

 

La espiral se vincularía, al simbolismo lunar, al simbolismo erotico de la vulva, al simbolismo acuatico de la concha, y al simbolismo de la fertilidad ( Doble voluta y cuernos), representa en si misma, los ritmos repetidos de la vida, el caracter cíclico de la evolución. Esta sería la espiral helicoidal, la espiral plana, estaría más vinculada con el laberinto, que es una evolución a partir del centro, es decir la involución al origen. La espiral doble, simboliza ambos movimientos de nacimiento y muerte, son la kalpa y pralaya, es la muerte iniciatica y el renacimiento del iniciado.

 

 

Marca lapidaria de San Bartolomé de Ucero
Marca lapidaria de San Bartolomé de Ucero
marca lapidaria del románico aragonés.
marca lapidaria del románico aragonés.

La doble espiral, es el trazado de la linea media del Ying y del Yang, es tambien la doble enroscadura de las dos serpientes, es el caduceo o la doble hélice alrededor del bastón brahmanico, y nos llevaría la producción del amrita, o equilibrio de la energía entre contrarios. La doble espiral, está emparentada con el simbolismo del dragón, y es que además el dragón se enrolla en espiras helicoidales alrededor de las columnas de los templos, y lo mismo la serpiente de la kundalini. LA espiral, simbolizaría el desarrollo de los estados de existencia, y los grados iniciaticos. Es el simbolismo de la escalera de caracol ( cuando hable de mi viaje a Sintra, hablaremos de esto profundamente).

 

La espiral es simbolo de fecundidad, y la vemos dibujada en los idolos femeninos del Paleolítico, y esto se explica, porque la Vida, es movimiento. Es el simbolo del equilibrio en el desequilibrio, del cambio y así llegamos, a la espiral logarítmica. Es la danza en espiral de las brujas o de los indios Zuni en el Solsticio de invierno, de los derviches.. el ser permanece, pese a las fluctuaciones y el cambio. Para los africanos, la espiral era simbolo de vida y del movimiento de las almas, la encontramos en los glifos solares de los dogón, es la matriz original de la vida, ella encierra, el Verbo original, la primera palabra del Dios Amma, la semilla de la divinidad, entre los bambara, se dice que el Dios Faro, Señor de la Palabra, es una espiral.

 

La espiral doble, tambien se emparenta con el simbolismo de la rueda, y la, equivalente al fulmen latino o el rayo céltico, ya que es simbolo cósmico.

 

Y en todos los continentes, la encontramos como la representación del viaje del difunto, el viaje post mortem a su destino final.

 

FUENTES: Dictionnaire des symboles, Jean Chevalier ( 1969, Ed. Robert Laffont)